En estas semanas hemos estado negociando con las aseguradoras las pólizas que cubren nuestras obras en construcción y el stock de viviendas terminadas. Al revisar las primeras condiciones apareció una señal interesante: existe una mayor disposición a negociar y obtener mejores condiciones.
Después de una muy buena reunión con uno de los oferentes, me dio curiosidad saber en qué momento se encuentra hoy el mercado asegurador.
La explicación más intuitiva sería pensar que los seguros están bajando porque hoy existen menos riesgos o porque el mundo ha atravesado un período sin grandes catástrofes. Pero esa conclusión confunde dos cosas distintas: el riesgo que enfrentamos y el precio que el mercado cobra por absorberlo.
El riesgo no necesariamente bajó. Lo que aumentó fue la cantidad de capital dispuesto a asegurarlo.
Un mercado global que llega hasta nuestras obras
Cuando una compañía chilena asegura un edificio, una obra o una cartera de viviendas, normalmente no conserva todo ese riesgo en su balance. Una parte importante se transfiere al mercado internacional de reaseguros.
Esto es especialmente relevante en Chile. Un terremoto, un incendio de gran magnitud o una inundación pueden producir pérdidas demasiado grandes para ser soportadas únicamente por el mercado local. Por eso, el precio que finalmente pagamos depende también de cuánta capacidad exista en los mercados de reaseguro de Londres, Europa, Estados Unidos o Asia.
Actualmente esa capacidad es abundante.
¿De dónde salió tanto capital?
Una explicación que suele escucharse es que el capital está relativamente barato y que los inversionistas buscan en los seguros retornos superiores. Esa afirmación apunta en la dirección correcta, pero se debe complementar con otra verdad que a las aseguradoras les cuesta reconocer.
El ciclo actual se explica también por los buenos resultados que obtuvieron las reaseguradoras después de varios años de fuertes aumentos de tarifas. Durante el anterior “mercado duro”, las compañías subieron precios, restringieron coberturas, aumentaron deducibles y seleccionaron con mayor cuidado los riesgos que estaban dispuestas a tomar.
Eso les permitió recomponer sus balances, acumular capital y obtener buenos retornos financieros. Ahora, parte de ese capital vuelve al mercado buscando nuevas oportunidades.
A ello se suma el crecimiento de instrumentos como los bonos catastróficos o cat bonds. A través de estos instrumentos, fondos e inversionistas institucionales reciben un retorno por asumir una parte del riesgo asociado a terremotos, huracanes u otras catástrofes.
Por lo anterior, y en términos simples, hoy existe más oferta de capital compitiendo por asegurar los buenos riesgos. Y cuando aumenta la oferta, el precio baja.
El efecto de El Niño
Existe además un componente climático que está influyendo en las expectativas del mercado.
El fenómeno de El Niño suele dificultar la formación de huracanes en el Atlántico. Esto es importante para las aseguradoras porque las costas atlántica y del golfo de Estados Unidos concentran enormes valores inmobiliarios asegurados. Una temporada con menos huracanes puede reducir las pérdidas esperadas y aumentar la disposición de las compañías a ofrecer capacidad.
Sin embargo, sería un error concluir que El Niño hace desaparecer el riesgo.
El fenómeno puede reducir la actividad de huracanes en el Atlántico, pero también modificar las lluvias, inundaciones, sequías e incendios en otras regiones. Más que eliminar el riesgo, cambia su ubicación.
Seguros más baratos en un mundo más riesgoso
Aquí aparece la verdadera paradoja.
Las primas pueden estar bajando al mismo tiempo que aumentan los riesgos asociados al cambio climático, la concentración urbana y los costos de reconstrucción.
Chile también muestra esta contradicción. Es un hecho que las primas de los seguros están bajando aunque no cambie la exposición. Las aseguradoras están compitiendo por los riesgos que consideran atractivos, pero siguen siendo selectivas frente a proyectos mal protegidos, ubicaciones expuestas, valores insuficientemente respaldados o historiales de siniestros desfavorables.
Una oportunidad para asegurarnos mejor
Frente a este escenario, la primera reacción de una empresa podría ser aprovechar las menores tarifas para reducir gastos. Pero limitarse a capturar el ahorro sería una mirada demasiado corta.
Un mercado favorable ofrece la posibilidad de revisar si los activos están correctamente valorizados, aumentar límites, disminuir deducibles, incorporar coberturas que anteriormente resultaban demasiado costosas y corregir vacíos que podrían comprometer el balance ante un siniestro importante.
También es una oportunidad para evaluar condiciones plurianuales que permitan conservar parte de los beneficios actuales si el ciclo cambia.
Porque cambiará.
Una gran catástrofe, una sucesión de eventos severos o una retirada del capital financiero puede endurecer rápidamente el mercado. Las mismas compañías que hoy compiten por tomar riesgos pueden mañana reducir su capacidad y elevar nuevamente las tarifas.
La conclusión, entonces, no es que nuestras obras o propiedades se hayan vuelto menos riesgosas. Es que temporalmente existe más capital internacional dispuesto a cubrirlas.
No estamos frente a una invitación para relajarnos o ahorrar en protección. Estamos frente a una ventana para proteger mejor nuestros activos antes de que el ciclo vuelva a girar.
El riesgo no bajó. Bajó, por ahora, el precio de asegurarlo.